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Objetos Poéticos

María
Cristina
Reyes

A sus 49 años, María Cristina Reyes observa el mundo a detalle. En ese gesto de contemplación nace su obra, en un territorio donde la creación artística y la conciencia ambiental se entrelazan.

Dibujar y colorear, en su caso, adquieren un sentido más amplio, una forma de cuidado que se extiende hacia aquello que la rodea.

Objetos Poéticos surgió desde una necesidad profunda de interpretar la naturaleza cercana. La fauna colombiana, rica en formas y matices, comenzó a aparecer primero en trazos hechos a mano. A partir de ahí, el proceso avanza hacia la ilustración digital y más adelante hacia objetos tangibles que llevan consigo una historia.

Cada pieza responde a un sentido de responsabilidad con el medio ambiente, pues los materiales, los procesos y los residuos participan en una conversación permanente que orienta el trabajo.

María Cristina entiende la coherencia como una guía que orienta su camino. La belleza convive con la responsabilidad de crear con respeto por el entorno. Esa visión se traduce en objetos hechos con plástico recuperado que vuelve a la vida en monederos, cartucheras y accesorios cotidianos, donde lo que fue desecho adquiere un nuevo significado.

La estética se convierte en una aliada de ese propósito. El color ocupa un lugar central en cada diseño y actúa como un lenguaje que narra la biodiversidad. Tonos intensos, combinaciones que parecen inesperadas y que en realidad habitan en la naturaleza colombiana.

María Cristina lo resume con una certeza que atraviesa todo su proceso creativo, “el mejor diseñador es la naturaleza”. Desde esa idea, su trabajo consiste en observar, recoger y traducir lo que descubre.

“El mejor diseñador es la naturaleza”, afirma.

En cada ilustración hay una búsqueda por capturar lo intangible. Se perciben alegría, serenidad y una energía que viaja del entorno a sus manos y luego a los objetos. Esa conexión transforma cada pieza en una experiencia que invita a mirar con mayor atención.

Con el paso del tiempo, ese compromiso se ha fortalecido. Los procesos se afinan y las decisiones se vuelven cada vez más conscientes. Su emprendimiento cuenta con certificación como negocio verde del Ministerio de Ambiente, un reconocimiento que respalda ese camino y evidencia la coherencia entre su discurso y su práctica.

Durante su participación en espacios como la COP16, María Cristina ha visto cómo las personas se acercan a sus piezas y reconocen en ellas fragmentos de su propia memoria. Alguien identifica un ave, otro comparte una historia. Se produce un intercambio que va más allá del objeto. Cada ilustración se convierte en una puerta hacia conversaciones sobre biodiversidad, cuidado y pertenencia.

Algunas aves aparecen con frecuencia en su obra. El bichofué, cercano y familiar para quienes habitan en Cali, despierta recuerdos compartidos. Los colibríes capturan miradas con su movimiento ligero y su presencia vibrante. La tangara multicolor ocupa un lugar especial, ya que fue una de sus primeras ilustraciones y sigue siendo un símbolo de inspiración. Esta ave, con su mezcla de colores, parece contener la esencia de la riqueza natural del Valle del Cauca.

Hoy, María Cristina proyecta espacios para compartir su proceso. Imagina talleres donde dibujar invite a detenerse y observar, y donde las aves se descubran tanto en el papel como en el entorno. “No hace falta experiencia”, dice. Basta con abrir la mirada y dejar que el entorno revele sus formas.

En su plataforma digital comparte educación ambiental, con información sobre aves, consejos de conservación y acciones cotidianas. El mensaje trasciende el objeto y se proyecta en la relación de cada persona con su entorno.

Cuando piensa en el futuro, imagina su trabajo llegando a otros países. Quiere que más personas conozcan la biodiversidad colombiana desde una experiencia directa y que quienes visiten el territorio comprendan que es un espacio compartido con otras formas de vida. Cree que esa conexión puede transformar la manera de habitar el mundo.

De acuerdo con María Cristina, el cuidado del planeta se construye con acciones pequeñas y repetidas. Ahorrar agua, reducir residuos y elegir con conciencia genera un impacto real. Cada decisión cuenta.

Desde su enfoque creativo, Objetos Poéticos reduce la huella de carbono y el uso de materiales desechables. Sus productos están pensados para durar y reemplazar opciones de alto consumo ambiental, por lo que incorpora tela ecológica de PET reciclado en pañoletas y cojines, con al menos 50 % de material recuperado. En los paños de microfibra emplea poliéster reciclado y avanza hacia su uso total.

Durante la producción se reduce el uso de agua y químicos. La sublimación en mugs, cartucheras, monederos y bolsos evita grandes consumos de este recurso. En papelería emplea materiales ecológicos como papel reciclado o elaborado con bagazo de caña de azúcar, lo que favorece el aprovechamiento de residuos.

El compromiso también se refleja en los empaques. Desde julio de 2024, la marca eliminó los plásticos de un solo uso y adoptó materiales compostables a base de yuca o papel kraft. Estos pueden biodegradarse en alto porcentaje en poco tiempo bajo condiciones adecuadas, lo que reafirma su apuesta por la sostenibilidad.

María Cristina continúa dibujando, trazando líneas y explorando colores. En cada gesto creativo hay una forma de recordar que la belleza que inspira su trabajo requiere cuidado y atención constante. Su arte se convierte así en una manera de sostener aquello que observa, de preservar lo que da sentido a su mirada y de invitar a otros a mirar con la misma profundidad.

Nuestra biodiversidad en datos

  • • Colombia tiene 67.000 especies de fauna y flora.
  • • En Cali habitan más de 560 especies de aves.

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